Thursday, September 29, 2005

Un barco llamado "Winnipeg"

Francia fue para la niña de Górliz un país amable en donde ella aprendió el idioma de este pueblo. Pero los nubarrones de la Segunda Guerra Mundial afligirían su suelo. Era necesario partir nuevamente. El cónsul en París de un país lejano, de apellido Neruda, tenía interés en favorecer con una nueva tierra a las muchas familias españolas que habían huído de la tragedia de su patria. Ese país lejano era americano y se llamaba Chile, donde era presidente un estadista radical llamado Pedro Aguirre Cerda. No era fácil la empresa ya que existían fuerzas extrañas que no deseaban la llegada de republicanos.

Gracias a la dedicación y firme voluntad de don Pablo Neruda se llegó a contar con un barco de nombre "Winnipeg". Se pretendía traer un contingente de dos mil personas. Muchos fueron los avatares que surgieron en ese año 1939 para iniciar esta empresa. Sin embargo, se dió inicio al destino americano de esas familias españolas las cuáles formaban un grupo humano que sería un aporte valioso a la nueva patria que los esperaba. Fueron llegando al barco...familia tras familia...también la familia de la niña de Górliz...
"Dejen al capitán Figueroa, a su esposa e hija subir al barco..."
...decía nuestro Pablo Neruda, según los recuerdos de la madre de la niña de Górliz.


Destino incierto, tierras lejanas, no sabemos nada de ese país...es terrible...es necesario vivir cosas terribles...vivirlas familiarmente...

Salieron de aquel puerto francés. Durante el viaje, los días en el barco se tornaron rutinarios pero al menos se podía contemplar el mar en su grandiosidad...los rostros desconocidos se fueron convirtiendo en imágenes de vecinos...ya no es necesario describir el relato...los personajes de esta realidad distinta se autonomizan, dialogan o aprenden a monologar...
Entonces surgió en la multitud aquel hombre de edad desconocida, alto, de mirada amistosa, junto a él un niño que parecía ser su hijo o su nieto, era de mirada distante y algo triste, un jockey cubría su apariencia, nunca dijo nada ese niño, cuando la niña de Górliz le hablaba, él sólo miraba con su vista perdida y solamente asentía. Nadie sabía en qué lugar del barco pernoctaban el hombre y el niño, pero siempre llegaban al sitio donde las familias se reunían, porque allí se discutía el futuro y se recordaba el pasado. Sin saber cómo ni cuándo muchas personas comenzaron a acercarse a tan singular individuo quién les preguntaba de dónde venían y les solicitaba que le mostraran sus manos para leer en ellas el porvenir...porque él sabía de cosas futuras. Al pasar los días su figura se hizo conocida, algunos decían que era andaluz, otros argüían que era de origen catalán...nunca pudo saberse aquello, pero a muchos les alegró el ánimo con sus predicciones. A otros les trajo inquietud, porque aquel hombre era muy sibilino y lo que decía tendría que entenderse de muchas maneras. Fue como ver el destino de cada uno en el rostro de ese ser. Lo más extraño fue que, al final, el último día, nadie lo vió, tampoco supimos del niño...tampoco de su jockey ...ni la melancolía de su mirada...nunca más se los volvió a ver...

La vista primera de Valparaíso, lugar de llegada, nos presentaba una urbe con gente desconocida, inquieta, curiosa y extraña. La ciudad parecía monstruosa y con desordenadas aglomeraciones de casas, parecía tener grandezas y miserias, angustias y sueños, ciudad americana donde no habían añejas tradiciones ni nada que ritualizar. Latía aquí una vida despreocupada o conflictiva, la de los personajes de estas latitudes...era como para que un recién llegado quisiera morirse de nostalgia por un ya lejano París.

Pero estos seres humanos no eran abstractos y su variedad era infinita y entrelazada, se rechazaban y se volvían a encontrar. Era quizás un mundo todavía en gestación, con sociedades inconclusas junto a un inmenso mar y que buscaban su identidad, su lenguaje y su expresión.

Al bajar la niña de Górliz vió a un muchacho que besaba a una chica. Pasó un joven en bicicleta, con un helado, y los chistó. El joven del helado miró después a la muchedumbre de hombres y mujeres que llegaban, eran de todas las edades y de todos los oficios o profesiones...no había cómo representar aquella realidad innumerable si en cien páginas o en un millón de páginas...esta tierra sería también de estos humanos enriquecidos o devastados por el amor o la desilusión.

1 Comments:

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